
Amarra un punto en un partido muy plano y deja pasar la oportunidad de despegar.
El Alavés sigue en precario. Cogido entre alfileres su fútbol, en la tarde del sábado prácticamente inexistente y huérfano de Aganzo, amarró un empate frente al Castellón en un partido presidido por la cautela. Tan cierto es que suma ya cuatro encuentros sin perder como que la esperanza de un despegue definitivo de la zona baja se aleja ante la permanente sensación de escasez de recursos y revoluciones ofensivas. Ante un adversario ordenado y escaso de ambición pese a su proximidad a los puestos de ascenso, los noventa minutos resultaron un bostezo y el resultado final casi un pacto de no agresión. La opción de encadenar dos victorias se esfumó sin que el cuadro albiazul fuese capaz siquiera de agitar al visitante. El pretendido salto clasificatorio acabó abortado.Hay partidos donde el 0-0 es una visión irreal de lo sucedido sobre el césped y otros, como el del sábado, que justifican la fama de una categoría reñida con las alegrías futbolísticas. Mendizorroza asistió a uno de los duelos más planos de la temporada -ya es decir- y los aficionados se removieron en sus butacas, inquietos por el resultado, al tiempo que recibían una dosis anestésica. El gas aplicado por el Alavés al partido durante los cinco minutos iniciales de furia acabó en pura anécdota.
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